lunes, 17 de noviembre de 2008

Tarde de Domingo

Uno de las mayores fuentes de información que existen, son los cafés a media mañana en el trabajo. Sin ellos, andarías como perdido, ajeno al mundo, aislado de resto de los mortales y del conocimiento humano:

- ¿Recuerdas esa chica que estuvo dos semanas trabajando con nosotros hace dos años?
- No.
- Si, mujer, esa que vestía como antes de la guerra, que el año pasado se lió en la copa de Navidad de la Empresa con uno de Finanzas.
- No. No me acuerdo.
- Si, mujer, ese chico moreno que estaba casado con una azafata de Iberia y que por aquel entonces se dejaron, aunque cuentan que hubo “solapamiento” entre esta y la otra.
- Pues no. No caigo.
- ¡Ay hija! ¡Es que estás en el mundo porque tiene que haber de todo! Bueno, da igual. Pues su mejor amiga, se ha dejado después de tres años de relación y dos de hipoteca.
- ¡Madre mía! ¡Y cómo están los pisos ahora!
- Pues sí. Parece ser que llevaban dos domingos sin salir, metidos en casa viendo la tele.
- ¡Ah! ¿Y eso es malo?
- ¿Que si es malo? Ya sabes que no tengo pareja estable desde hace… Bueno… que yo creo que es malísimo. Que una vez… pase, pero dos domingos… eso es la antesala de la rutina, que la pasión se ha acabado, vamos. Y la rutina mata el amor y te lleva a la apatía, que ya no sabes si estás porque estás o por cariño o porqué y el tiempo pasa y de repente tienes cincuenta años y estás fuera del mercado al lado de un vampiro que te ha chupado la energía y la juventud. Y ya es tarde…


Mientras habla, tengo los labios sellados… y asiento mecánicamente, como esos perritos de las bandejas de atrás de los coches, que tan de moda estuvieron es su día.

Así que, después de calentarme el resto de la semana, cuando llega el domingo y mi novio se dispone a sentarse en el sofá después de comer, me levanto y le digo que ¡ni hablar! Que ya no hacemos nunca nada romántico, que se está acabando la pasión y el amor y todo y que hemos entrado en barrena irremediablemente y esto se va a pique si no actuamos rápidamente y que, aprovechando que encienden los adornos navideños, vamos a hacer como cuando estábamos en la ”fase cero” de la relación y nos íbamos de la mano a ver el derroche ingente de energía empleado para tal fin. ¡Ah! Y que no es negociable.

Extrañado, levanta las cejas y accede sin atreverse a decir nada más.

Así que, me arreglo para la ocasión en un intento desesperado por hacer funcionar de nuevo nuestra relación sacando la artillería pesada: el vestido de punto con el que dice siempre que estoy muy sexy, las pinturas de guerra y las botas de taconazo de aguja. Esperemos que eso sea suficiente para volver, al menos, a la “fase uno” de la relación.

Decidimos ir al centro en autobús, porque estos días es una locura sacar el coche y porque las calles iluminadas miradas desde la ventanilla, acurrucada en su pecho, es una imagen muy tierna que siempre sale en las películas sensibleras que hablan de amor.

Recuerdo haber estudiado en la universidad que, la espera en la parada del autobús, sigue una “distribución de Poisson”, pero, lo que no sabía era que, un domingo, vísperas de Navidades, a las cuatro de la tarde, tendía a infinito. Encima, hace un frío horrible y el cielo blanco como la nieve (nunca mejor dicho). En el momento de sentarme en el banco de la marquesina me arrepiento de haber salido de casa, pero no puedo sucumbir ahora, eso sería letal…Así que, decido levantarme y moverme un poco para aguantar el frío.

Ninguno de los dos habla. Más que por nuestra rutina de pareja, porque el frío corta la cara y ni ganas quedan de abrir la boca.

Los pies se me están quedando helados y las botas de “lujo y pasión” me están destrozando los pies. Después de haberme perfilado los labios, me niego a taparme la boca con la bufanda ¡Hay que resistir dignamente! Y no puedo dar mi brazo a torcer ahora.

En la universidad también aprendí la ley de Murphy que dice «Si algo puede salir mal, saldrá mal», con sus corolarios y esto es lo que me viene a la mente cuando empiezo a divisar una especie de plumillas que bajan como meciéndose, desde el cielo… ¡Está nevando!

De reojo miro a mi pareja, mientras hace esfuerzos incalculables por conservar su temperatura corporal. Me duele la garganta y accedo a taparme, estropeándome así el maquillaje. Da lo mismo, mi nariz está colorada y fría y debo estar horrible. Me iría ahora mismo si no fuese porque la idea ha sido mía y por la vehemencia con la que he defendido mis argumentos para nuestra “tarde de domingo romántica”.

De repente, mi novio estornuda. ¡Eso si que no! Si se constipa se pone pesadísimo: “Tengo fiebre. Me encuentro mal. Ponme el termómetro…”. Toda la noche tosiendo y quejándose, con vapores de cebolla para la congestión y apestando a "Vicks Vaporub".

- ¡Pero cariño! ¿Tienes frío?
- Un poco.- Dice con voz lastimera-
- Pues nos vamos a casa ahora mismo, que no quiero que te pongas malo…

Volvemos a casa. Después de tomarnos un vaso de leche caliente, nos sentamos cada uno a una punta del sillón. Él enciende la PSP y yo el portátil. Eso sí, en defensa de nuestro amor diré que nos arropa la misma manta.

4 comentarios:

mucho_que_contar dijo...

Me parece estupendo... Quizá debiéramos conversar sobre la envidia de las parejas "100% compatibles" ¿Te acuerdas de Teresa? Sí, claro, la que vivía en el bloque de abajo. Pues ayer me invitó a su casa. Se veía tan contenta con su pareja. Fíjate, de hecho, hasta se abrazaron mientras veían la inmundicia de cine de barrio. Bah, eso es porque son los comienzos. Qué va, mujer, si llevan cinco años. Lo que pasa es que son tan iguales, que sólo pueden discutir por lo mismo. Y eso no es discutir.
Después miras a tu pareja y lo único que puedes lamentar es que tenga unas aficiones tan a desacordes con las tuyas. Y parte de eso, lo mejor que puedes hacer es aceptarla tal cual es.

Sé que soy un plagiador y que eso me lo has enseñado tú. Es un pequeño homenaje para ti.

Treinta Abriles dijo...

Siempre pionero, mucho_que_contar.

No te he entendido muy bien. ¿Plagiador?

mucho_que_contar dijo...

Plagiador en cuanto a lo de la aceptación del otro tal y como es. No pretender cambiar a nadie y si quieres permanecer a su lado, que sea así, como es y no como tú quieres que sea. Eso me lo has dicho tú mil veces.

A eso me refiero con lo de plagiador. A que he querido expresar esa forma de ser que tú siempre has defendido.

Treinta Abriles dijo...

Perdona, estoy muy lenta de reflejos últimamente.

Gracias, mucho_que_contar.